Poema: Jornalero

Por Desam. Ferrández

El paso cansado sobre las mismas losas

hacen un recorrido pegajoso que se pasa con esfuerzo.

Los brazos lánguidos caen a los lados

¡¡Qué me desprenda de él!!

del recuerdo añorante

que hace este paso cansino.

Los brazos con desgana rozan

los matorrales de la cuneta del camino.

Un día tras otro recorro las mismas pisadas,

casi conozco los arañazos del asfalto.

Sudor y agonía imperan en la frente.

Un quejido lastimero se fuga

de entre los labios cerrados, resecos y agrietados.

El sonido de los cascos duros contra el negro alquitrán

aceleran el paso ensimismado de las gastadas alpargatas.

Otro día duro de contradicción pintada,

llorada en alma ahogada.

La efímera belleza de la flor casual

se verá despiezada y decapitada en brevedad.

La gigantesca maquinaria traga almas sin preguntar.

Reseca vidas sin dar la menor oportunidad.

Calcifica proyectos antes incluso de ser pensados.

Tritura paisajes convirtiéndolos en polvo

para en un lugar lejano ser usado sin discreción.

Cuervos, pájaros de mal agüero,

sobrevuelan con las guadañas

dispuestas a segar vidas sin valor.

El honor escupido en las putrefactas cloacas,

esqueletos de hierro mandan al jornalero,

rastros de sangre evaporados por el sol y la sal.

Las sogas transparentes del hambre, mueven al hombre.

Hombre sin fuerza ni para pensar en hacerse desaparecer.

Hiporexia por falta de ganas, de tener ganas.

Coito interruptus de vida desahuciada.

Apoptosis interna por radiación y latigazos.

Eutanasia gritada por el conformismo pasivo.

Anorexia sin premeditación, ni intención,

que aparece por desilusión.

La falce termina con la opresión.

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