Calor

Calor

Calor

Cientos de sílabas rebotan en mi cabeza como si fueran bolas esperando su momento en una jaula, en una vieja sala de bingo. Las sílabas saltan como si un fuerte viento soplase desde la base, haciendo que suban hasta dar con la cúpula celeste que forma mi cráneo. Toda la información del universo está ahí dentro, dependiendo de los algoritmos que rodeen mi contexto social, formaran unas palabras u otras.

Voy del sillón del salón a la silla del despacho. Hace mucho calor, todavía no es excesivo porque todo se relativiza en la medida en que uno pueda moverse lo más despacio posible. Movimientos lentos, suaves. Que la energía que consume el cuerpo no se transforme en carbón para el organismo. Me cuesta poner el aire acondicionado. Me cuesta mucho. El algoritmo del gasto excesivo hace que me sude la mano a la hora de pensar en el dinero. El bolsillo arde.

Cada movimiento ralentiza mis pensamientos. Abro el ordenador portátil situado encima de la mesa del despacho. Me lo llevo a la mesa de la cocina, dos metros más al sur, pegado a la ventana. Me gusta escribir mirando al árbol que da sombra a este rincón del hogar. Me imagino que estoy junto a un arroyo. Siento el frescor de los ventiladores que enfrían mi ordenador rebosando frescor por ambos lados. Es el paraíso.

Las mentales bolas de plástico con todas las sílabas existentes siguen saltando en mi cabeza. Intento juntar alguna para encontrar sentido a este arte de escribir.

Los delicados movimientos de mis manos sugieren alguna idea que, al releerla, mi mente opta por borrar. ¿Dónde irán las palabras borradas? Cuando escribes sin sentir, las palabras se borran como cuando escribes «te quiero» en la orilla de una playa. En algún momento llegará los restos de una ola y se las llevará al fondo del océano donde habitan las palabras perdidas.

En este momento he borrado todo residuo de información innecesaria. Me preocupan muchas cosas pero uno ha aprendido a vivir el presente y muy estoicamente sé mandar todo al punto más alto del mástil, justo donde se sitúa el vigilante marinero esperando a divisar tierra para poder comunicar a toda la tripulación «tierra a la vista». ¿Qué contexto espera en un viejo mundo desconocido a los que, pobres ignorantes, creen haber descubierto uno nuevo? ¿Qué algoritmos se encuentran en los nuevos cruces de caminos?

A lo lejos veo una idea. ¿Me acerco o espero que venga hacia mí? Hace mucho calor, mejor no me muevo, espero a que venga y me descubra un nuevo mundo que algún día pueda llegar a compartir con aventureros lectores, aventureras lectoras, como tú.

Las ideas nos alcanzan cuando estamos en predisposición de verlas venir y cazarlas al vuelo, a pesar de todo contexto social o algoritmo. Compartirlo depende del grado de locura que uno pueda llegar a alcanzar.

¿Y todo esto para qué? En mi caso para descubrir nuevos mundos en mi interior, fuente infinita de desconocimiento donde los chorros de la ignorancia hacen más llevadero el calor del estival día.

 

Jose María Escudero Ramos

www.escuderoramos.com

Susurros de luz

Susurros de luz, la asociación que hace que las cosas bellas sucedan y además las cuenta.

Un comentario en «Calor»

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