Editorial de Marzo 2026
1 de marzo

1 de marzo de 2026, uno de esos días en que lo mejor que puedes hacer es quedarte en silencio y observar lo más objetivamente posible todo lo que pasa alrededor nuestro y del mundo.
Muchas personas hablan sobre el apocalipsis. No sé yo. No hay nada nuevo bajo el sol.
Vivimos bajo una programación constante, nos dividen en cuantas más pancartas, mejor. Nos invitan a amar al prójimo a base de levantar odios enterrados, y sí, elijo conscientemente la palabra.
Enterrar el hacha de la guerra como símbolo de paz.
Elijo conscientemente aceptar cada día de mi vida todo lo que me pasa.
Ahora falta que me haga responsable de ello.
Es fácil aceptar no hacer cambios y exigir al prójimo responsabilidades.
Lo que pasa en el mundo ahora no solo es “culpa” de los que gobiernan en este momento, es fruto de años de dejadez, de provocación y de avaricia.
Si los organismos que han estado intentando mantener la paz en los últimos tiempos no han conseguido nada más que prolongar las guerras y conflictos, los menos preparadas para ofrecer soluciones son ellos mismos. Por eso mismo, una vez más digo: ninguna de las organizaciones anteriores, ninguna de las opciones conocidas. Ni siquiera el tan cacareado nuevo orden mundial, ni las agendas con fechas de caducidad.
Si la primera víctima de las guerras es la verdad, no nos podemos creer ninguna de sus mentiras.
Acabemos con las pancartas que nos dividen y de paso con las agendas que nos quieren igualar.
La principal idea de paz es el respeto a las diferencias, por eso no creo que la imposición de igualdades sea la solución, sencillamente veo que es una forma más de crear «subdelegaciones» que ralentizan la igualdad real.
No a la guerra.
No a ninguna guerra.
No a la violencia como forma de solucionar conflictos.
No a la propagación de miedos que conlleven a la violencia.
No a ningún tipo de miedo.
Sí a enterrar todos nuestros temores.
Sí a enterrar el hacha de la paz, y con ello todos nuestros odios.
Sí a la paz y punto, sin buscar un porqué, porque siempre podemos encontrar justificación para cualquier acto violento, estamos programados para ello. Lo difícil, visto lo visto, es mantener la paz.

Jose M.ª Escudero Ramos, editor y fundador de la asociación y revista Susurros de luz
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¿Y si sólo fueran a la guerra los interesados en que haya guerras?
Los que promueven las guerras para enriquecerse o para empoderarse.
Los que fabrican las armas y los que se lucran con su venta.
Los que prestan el dinero a los que compran las armas.
Los que negocian reconstruyendo los países destruidos por las guerras.
Los que al amparo de las guerras torturan, violan, roban y matan a los inocentes.
Todos esos tendrían que estar en la primera línea.
Y los que queden, aislados en campos para prisioneros de guerra hasta que tomen conciencia de que vivir en paz es un derecho fundamental del ser humano.