Editorial de julio 2025- Autoconocimiento

Autoconocimiento
Hace tres años, por una conversación que tuve con la madre de mi hija, comprendí que debía ponerme en situaciones complicadas con el fin de conocerme y moldear mi carácter.
En la mayoría de las ocasiones nos rodeamos de personas que piensan como nosotros, si nadie nos lleva la contraria ni nos mete el dedo en el ojo, figurativamente hablando, no podemos ir a por la etiqueta de la excelencia, entendiendo que esa excelencia se consigue a base de crecer a través del aprendizaje prueba, error, toma de conciencia, prueba, error…
Me gusta preguntarme ¿Siempre tengo razón?¿Los que no piensan como yo pueden enseñarme algo?¿Puedo aprender algo de cualquier persona en cualquier contexto?
Desde hace un año y medio tengo un trabajo que me ofrece la posibilidad de tratar cada semana con más de 150 personas de diferentes barrios, estilos y personalidades. Ni todas las clases que doy son lo perfectas que me gustarían, ni todos los alumnos tratan por igual ni a los compañeros ni al docente, unas personas son frías, otras alegres, las hay habladoras, las que no muestran interés o las que muestran un «exceso de conocimiento». La mayoría de mi alumnado se hace querer mucho, lo cual valoro y agradezco.
Haciendo autoevaluación al final de curso, estoy satisfecho. He recibido muy buenos comentarios de la mayoría de alumnos, personas adultas, cada una con una historia detrás que a veces me gustaría conocer mejor. He reconocido mis errores y he tomado nota de lo que puedo mejorar.
He aprendido algo que considero importante para mí, a distinguir personalidades. Todo eso que he aprendido me puede ayudar a crear personajes para alguna novela o relato. El poder de la imaginación es inconmensurable. Las diferentes experiencias que ofrece el curso es como un vivero donde se plantan las semillas que con el tiempo darán sus frutos o sus flores. Cuando observas y estás abierto a todo surgen mil y una ideas que una vez se han creado en la mente, se transcriben y…
«Érase una vez, un atardecer de verano en la que tuve que hacer una clase de sustitución. Una alumna me preguntaba cosas raras, estrafalarias y de respuesta obvia. Además se ponía aposta detrás de mí como para no escucharme bien para luego preguntarme y hacer que repitiese lo que acababa de decir. Tras varias interrupciones le dije que si no me escuchaba se pusiera más cerca de mí, y no quiso. Era una mujer fría, gris, abrupta, grosera. Seguí con mi clase, explicando la fachada de un edificio de estilo ecléctico. Cuando volví la cabeza atrás para confirmar que mi alumna había escuchado bien, ella ya no estaba. Nunca estuvo. Pregunté a sus compañeros y nadie la conocía. Fue su primera y última vez en esa clase… Ese día hablamos de los fantasmas que habitan la ciudad.»
La mujer no se me iba de la cabeza, pero al situarla en un lugar especial en mi relato, hizo que se difuminase en la memoria. Como he dicho en otras ocasiones, escribir es la mejor terapia, casi igualada al placer de leer en voz alta.
Agradezco tanto poder conocerme a través del trato que me dan los demás, pues no cabe duda que uno no solo es lo que lo que cree ser sino lo que otros ven en ti. Autoconocimiento, aprendizaje y de nuevo al largo camino hacia la excelencia. Gracias por hacerme crecer y evolucionar.
Feliz verano.
Jose María Escudero Ramos, fundador y editor de la Asociación y Revista Susurros de Luz.
Pingback: Editorial julio SdL | Mucho más que arte y escritura