Jose Manuel GarridoLlegó la hora

Llegó la hora por Jose Manuel Garrido

Jose Manuel Garrido. Madrid, 11 de abril de 2026

Hubo un tiempo en el cual el reloj era un arma de doble filo. Se medía todo a conciencia. ¡Me quedan dos días para las vacaciones! ¡Me quedan dos días para comenzar a trabajar!.

En esos tiempos, si te preguntaban ¿Quién eres?, contestabas… el cocinero, el conductor, el subagente. Todo siempre ligado a tu profesión.

En aquellos días todo se resumía en dos palabras iguales: «Deprisa, deprisa». De igual forma no existían los desayunos placenteros.

Atrás quedan los madrugones, los deberes, responsabilidades, preocupaciones.
Ahora han cambiado los conceptos… hemos pasado de productividad a la disponibilidad. Esas fatídicas palabras de antes, ahora quedan resumidas en «vísteme despacio que NO tengo prisa».

Ahora los desayunos son una delicatesen de la vida. Con lo bonito que es coger los diarios y
saborear sus tintas, noticias, cotilleos sociales, dando un amplio margen a los pasatiempos. Ahora si me preguntan que quién soy, respondo… JOSÉ MANUEL.

En éstos días vienen los plácidos despertares, dando gracias a Dios por darme una jornada más de vida. La laboral comenzó en un enorme fregadero de platos, pasando por multitud de cocinas. Mi verdadera profesión fue la de Hostelero, ocupé puestos muy diferentes. Desde friegaplatos hasta dueño de mi propio negocio. Fui alternando todo esto con mis transportes en mi furgón. También estuve de Subagente de seguros durante 7 años. Estuve en una compra venta de coches de alta gama, donde yo me encargaba de la preparación de los coches para pasarlos debidamente a la exposición para su posterior venta.

En la última etapa de la vida, ésta no me sonrió, las cosas se pusieron duras y penetré en lo más bajo de la sociedad… «LA CALLE».

Ahí aprendí a reconocer el valor de lo poco que tenía. Mi lema era siempre no desfallecer.

He llegado a ser más amable, cariñoso, a reírme de todo, a guiar mis pasos hacia sitios más seguros. Sobre todo aprendí a respetarme y cuidarme más de lo que he hecho en mi vida.

Incansables jornadas laborables, empalmadas unas con otras y luego el tabaco, el alcohol. Todo ello se ha traducido en incontables lesiones en mi cuerpo.

Hace dos años fui recibido en el hogar de San Juan de Dios, donde me dieron la oportunidad de recobrar mi rumbo y tener estabilidad para la tercera edad que ya me viene encima.

Durante mucho tiempo fui el hombre de los mil oficios, siempre con la cabeza alta y la mirada firme.
He pasado la vida fregando platos, calculando tiempos de cocción, tiempos de las rutas con mi furgón, haciendo cálculos para mis pólizas de seguros, reformando coches.

Hoy el reloj es mío y lo paro cuando quiero. No cocino para que otros coman, ni conduzco para que otros reciban. Es más, hoy me siento a la mesa con la tranquilidad de saber que después de todo lo recorrido, este puede ser el mejor plato que me han dado nunca… Poder escribir mi vida y mis artículos sin pausa, sin prisa.

¡BIENVENIDA LA JUBILACIÓN!

Ayer servía ricas comidas, hoy sirvo ricas letras de tinta en un papel y reconozco que me sienta de maravilla… «SÍ, SEÑOR».

Susurros de luz

Susurros de luz, la asociación que hace que las cosas bellas sucedan y además las cuenta.

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