El poder de la palabra
Quizás sea que estamos viviendo en la Era de la Comunicación y nos creemos con derecho a todo, o que nos han atrofiado la parte del cerebro que retiene la información, la memoria, o lo que sería peor, la parte que gestiona los sentimientos, pero nos atrevemos a decir las cosas con una alegría que nos desborda. Usamos las malas palabras sin importar su repercusión. Somos capaces de decir auténticas barbaridades sin ser del todo conscientes de lo que puede conllevar para el que las recibe o incluso para el mismo que las pronuncia. Ya he hablado en otras ocasiones sobre Masuro Emoto, el científico japonés que experimentó con el
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