Corre, Sharon, corre
Viene de aquí Me dijeron que yo era la elegida, que tenía una misión que hacer. Creí que era un juego. Por fin me podía divertir tras pasar unos meses en este campo frío y serio en el que nos encontrábamos. No entendía por qué no podía ver a mi padre, ni siquiera sabía si estaba en este campo o en otro. A mí alrededor siempre había hombres y mujeres vestidos con uniformes muy limpios y relucientes que gritaban mucho y maltrataban a los que no vestíamos como ellos, a los que vestíamos con viejas telas de rayas, rotas o descosidas. Me maravillaban las botas que llevaban con esos uniformes.
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