Érase una vez un mundo
Érase una vez un mundo lleno de personas buenas que se escuchaban unos a otros, que reían y se amaban. En ese mundo no había miedos, ni inseguridad. El amor reinaba en todo el planeta. Los habitantes de ese mundo lo tenían todo a su alcance y al ayudarse unos a otros no hacía falta ni compañías de seguros ni títulos de propiedad, ni se premiaba la avaricia y el consumir por consumir. Los más ancianos del lugar aconsejaban a los más jóvenes. Todo el mundo vivía feliz, nadie era más que nadie porque todos se consideraban iguales, no necesitaban compararse unos con otros. El respeto era el gran pensamiento.
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